Intolerancia perdida I
Tenía 11 años cuando descubrí que este mundo ya no era de juegos y diversiones estúpidas; aquel entonces mi alrededor cambio por completo, la simple y fría imagen de mi madre, acostada en el piso de la sala con un agujero en el abdomen, causó en mi, un ardiente infierno que congela hasta ahora mi único medio de vida: mi corazón.
Pasaron ya trece años, 13 largos años sin decir una sola palabra y sin olvidar aquel rostro de mi madre que, cada vez que cierro los ojos, se impregna en mis párpados la palabra impotencia bañado en lagrimas.
Los mejores momentos de mi vida transcurrieron con ella; cada domingo de todos los meses, desde que tengo uso de razón, un pino cansado en medio de un florido parque, fue testigo de sonrisas y carcajadas. Mi madre me hacia reír tanto que hasta me hacia llorar, y yo que trataba de imitar aquellos movimientos, aquellas muecas, llenas de un humor inocente, q solo encontraban descanso si yo le mostraba una sonrisa.
Me olvidaba de "ojos de vidrio", una vieja videograbadora que mi madre solía llevar consigo a todas partes... no a todas... si no, a ocasiones poco comunes. Poco recuerdo de mi niñez, y más aún si era más pequeño, si no fuese por "ojos de vidrio", no hubiese tenido recuerdo de las caminatas por la playa.......bueno ....casi caminatas, porque todavía no podía mantenerme en pie; momentos de invierno y verano, otoño y primavera, fueron guardados en aquellas cintas de video, que por fechas de grabación, se hallaban ordenados dentro de un baúl en nuestro húmedo sótano.
Solo, en la oscuridad de cuatro paredes y una pequeña rendija , una media luna me ilumina" creo que no se olvidó de mi", el silencio me saluda con un abrigo, y un sentimiento de culpa como estaca en la cabeza , es ahora lo que me acompaña. Por segundos la nostalgia me traga y dejo de ser dueño de mi mismo, hundiéndome en un profundo pozo mohoso, sin poder aferrarme a ninguna clase de esperanza.
Intolerancia perdida II
Aquel tibio y acojedor hogar que dejé algún día, no era una simple casa si no que junto con el viejo pino cansado, "ojos de vidrio" y la maravillosa irradiación de alegría de mi madre, hacían de aquella época, una burbuja gigante llena de los más cálidos sentimientos es la cual yo estaba en su interior...y podía sentirme protegido de cualquier daño que me pudiera pasar .Mi casa no era tan grande...... tampoco tan pequeña digamos....que estaba hecha a la medida de mi madre y yo. Para esos atardeceres de las 5:30, cuando el sol irradiaba por la ventana y cambiaba ese tono crema pastel a un naranja rojiso toda mi pared, no se puede intercambiar con nada en el mundo porque era en ese momento cuando mamá regresaba de trabajar, mientras, yo la aguardaba su llegada muy relajado en el sillón gozando de mis programas favoritos en la tv ; justo al costado de la tv tenía un viejo espejo sin marco, que estaba exactamente me mostraba el reflejo de mi madre, viniendo por aquel camino a través de la ventana ,ni bien podía ver el reflejo de mi madre, me levantaba del sillón muy apresurado con el tiempo memorizado para apagar la tv, abrir la mochila y ponerme a hacer mis tareas, creo que ella nunca se había dado cuenta de mi "cronométrica invensión" . Me hubiera gustado mucho, que ella se enterara para así poder escuchar una vez más sus reproches y ver su amenazante dedo índice que me culpaba de no der tan inocente.
Mi corazón se partió en dos una vez, en verdad no se cómo paso, fue como romper una hoja de papel en dos mitades, y sentir...una satisfacción al hacerlo , una satisfacción que entra por los ojos...... la boca..... las manos y salía por el resto del cuerpo;ésta fue la sensación que marco el paso de la niñez a la adolescencia al haber conocido a "ella" en plena etapa escolar ,(nunca me había pasado esto antes).
La imagen de mi madre era única, irremplazable, asi que ...no pude pasarla a un segundo plano, si no, que la acomode ju8nto a "ella" ; luego de las tres primeras clases con "ella", me olvidé del resto....
"Ella" venía de un traslado, creo de esos intercambios que hacen los colegios con otros colegios o algo así, la cosa que los días comunes y corrientes en mi escuela aquel año, cambiaron totalmente; de lunes a viernes, siempre a la misma hora, talvéz tres minutos antes o atrazados, según mi reloj que fallaba ,llegaba "ella" ,el tiempo se detenía por instantes, no existía nada más que "ella" , su camino que terminaba en su aula junto a la mía, y yo , que detrás de la puerta de mi aula, a escondidas la miraba por una de las grietas.
Luego de varios intentos por conocerla, me di cuenta que no valía la pena, esa inocente ilusión momentánea, desapareció de pronto, y todo siguió como siempre, como si nada hubiera pasado, hasta que un día....un mal paso cambio mi destino ......
2/11/05
Intolerancia perdida III
Esa maldita lluvia de ese miércoles, no , no era maldita si no, impredecible, me hizo regresar a mi casa porque era casi imposible ir a la escuela, y fue en ese mismo camino, aquel camino de regreso, recorrido por mi, durante unos años que lo conocí; una asustado, nervioso, húmedo y pálido muchacho que había caído al resbaloso suelo, con sus pertenencias tiradas por el suelo, en ese momento no pude pensar en nada más que correr hacia el y tratar de ayudarlo.........; lo tome del brazo, y se puso de pie instantáneamente y comenzó a tomar sus pertenencias que cayeron, pero me di con la sorpresa que lo que estaba en el suelo, no eran simples cosas, eran cosas de mucho valor, como joyas, reliquias, y entre ellas pude ver una pistola o algo parecido(no le presté atención) ; muy atareado y tratando de que no me diera cuenta de nada, me preguntó si asi era el clima por aqui y yo le respondí que no casi siempre, que solo era temporáneo, y que solo faltaban tres días para la primavera; -mentía-.
Aquel camino a casa que cruza el inmenso bosque se comporto de una manera extraña, yo lo sentí diferente, lo sentí...como parte de mí, todo estaba donde realmente debía de estar en ese momento, las gotas de lluvia, el viento, algunas hojas secas por el suelo y aunque no lo crean, el pegajoso lodo que se había pegado en nuestra ropa y algunas partes de nuestro rostro jejeje...aún me acuerdo de aquella breve sonrisa que nos dimos ,para luego hecharnos unas carcajadas algo avergonzadas, es que luego de haber tenido esa breve conversación, nos quedamos mirándonos el rostro, y fue en ese mismo instante cuando un poco de lodo deslizaba por su blanca mejilla, sus ojos seguían el movimiento de caída que tenía aquella cosa, ese fue el mejor momento que había tenido en esos días de invierno.
Cuando regrese a casa estaba contento, tenía todo el día para que mis juguetes fueran mis dueños por esa tarde, pero no pude sacarme de la mente, aquel encuentro, me hacía la pregunta, llegará bien a su casa aquel muchacho?, se habrán arruinado sus pertenencias?, lo veré de nuevo?....... Como siempre observaba la llegada de mi madre, y aguarde que viniera para ponerme a hacer mis tareas pendientes; luego le conté lo que pasó y todo siguió como siempre.
5/11/05
Intolerancia perdida IV
Mientras tomaba desayuno, tres días antes de mi cumpleaños, me encontré con este muchacho, el venía corriendo tras de mí, se mostraba muy apresurado, transpirando como atleta después de una carrera, estaba un poco sonrojado, talvéz sea porque esa mañana hacía calor, y además era el agobiante lunes. El camino a mi escuela me lo presento ese día; no me dijo su nombre, solo me dijo que no era de por aquí, que solo estaba de paso, y no le faltarían ganas para irse ahora mismo; yo le pregunté sobre la otra vez, lo del choque con la bicicleta, tenía tanta curiosidad que creo que se lo pregunte muy de prisa, él se dió cuenta de mi atrevimiento y cuando sentía que un reproche iba a salir de sus labios, salió un: "quieres verlo"; mis ojos se abrieron de pronto no me aguante las ganas de decirle que sí, que sería una buena idea. Nos fuimos a una por una parte umbría del bosque muy apresurados, y vi que de su bolsillo sacó el arma, no me la imaginé tan brillante, el me dijo; tómala, pero nunca pensé que sería tan pesada; cuando mis ojos se terminaron de deleitar con aquella preciosa arma, alsé la mirada y solo pude al muchacho que emprendió la misma carrera con la que lo vi pasar, el se marcho tan de prisa que no tuve ni las ganas de correr tras él así que así que seguí con mi camino lento, ya que tenía en mis manos esta joya de colección, mire a mi alrededor, por supuesto que no había nadie, mucho menos aquel muchacho así me lo podía quedar; cuando me lo puse en el bolsillo, pensé que no iría a la escuela con tremendo cañon, medité un poco, mi madre está en el trabajo, hoy me toca matemáticas, (que tengo buenas notas),religión(en el que estoy excluído), música(mi flauta se quebró) e historia universal(el peor de los cursos, lo odio);asi que mi madre no se daría cuenta si falto hoy, y lo más importante quiero experimentar toda la tarde esto que tengo en los bolsillos.
Ni bien avanzé unos pasos, me dí la vuelta hacia casa y calculé el tiempo que demoraría mi madre en irse; mientras regresaba a casa, con paso acelerado, mis manos no se aguantaban las ganas de entrar en mi bolsillos, pero debían esperar por si algo pasase; entrando por la vieja cerca que teníamos, vi a lo largo de mi jardín, que la puerta estaba abierta, mis pasos frenaron bruscamente, mis manos se pegaron a mis costados, y no sabía que pensar, estaba confundido, sería una visita inesperada, mi madre...entonces le diré que hoy no habrá clases, claro eso le diré....ella me creerá, entro por mi puerta y lo primero que encuentro es a mi madre en el piso, no lo podía creer, nunca pasó por mi cabeza ésto...nunca...no así...Aún estaba tibia el rostro de mi madre, pues lo podía sentir por mis lagrimas sobre ella, no sabía que hacer, no podía ordenar mi cabeza en ese momento, claro, era un niño; la sangre se apoderó del piso, ella provenía de una herida en el pecho, pero no me interesó, al lado de mi madre por unos instantes, alguien llegó era el comisario, no sabía quien le pasó la voz, que el que no tardó en llegar, no sé quien pudo ser...me pidió permiso para examinar a mi madre, pero creo que ya era tarde, pude verlo en los ojos del comisario. Sin decir una palabra y con lágrimas en los ojos, me pregunto que es lo que había pasado, no pude decir nada, no pude abrir mi boca, solo sentía una amarga saliva cuando estrechaba mis dientes.
Los ojos del comisario cayeron sobre mi bolsillo, y me preguntó que era lo que tenía allí, sin sospechar de nada, y más aun perdido en mi conciencia, lo saqué, en mi mano estaba aquel pesado de metal, creo que no debía sacarlo, no debía haberlo recibido, no debía conocer a aquel muchacho, y no debería de callarme en ese momento.
El resto se lo deben imaginar, mi mudez fue cómplice del asesinato de mi madre, si no fuese así, aquel muchacho estaría tras las rejas por el resto de su vida, y yo no tendría pesadillas todas las noches ni mucho menos estuviera atado de mangas.
12/11/05