Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
Resumen
- 18/11/2006 17:54 - Derrepente me desperté en un sueño agradable
Derrepente me desperté en un sueño agradable

De pronto abrí los ojos, no sabía dónde me encontraba, miré hacia todas partes y luego supe ubicarme.
Me sentí tan maravillado esa tarde, en esos escasos minutos, en ese viaje en autobús. Pasaba por la Javier Prado, no recuerdo que cuadra,
creo que por Arriola, estaba yendo al Instituto y antes de tomar en autobús, había discutido con mi madre como siempre. Me quedé dormido
casi profundamente en el cotidiano autobús y desperté con una sensación que pasó a ser uno de los mejores momentos de mi vida, a
pesar de su simplitud.
Mi memoria quiso remontarme al sueño que tuve, pero no lo consiguió. Así que me esforcé en recordar porqué realmente ese sueño era
importante, y una imagen, algo borrosa, me enseñó que había soñado contigo. Por supuesto que eras tú, no te pude definir bien, pero estoy
seguro de que eras tú, porque desperté con una ligera sonrisa en mi sonnolienta cara.
Mientras perfilaba y formaba tu rostro en mi cabeza, para tratar de recordar que pasó en ese sueño, algo fuera del autobús llamó mucho mi
atención. Complementaba ese hermoso y incógnito sueño que tuve.
Es muy escasa la posibilidad de presenciar un hermoso sunset en Lima, pero esta vez pasó y yo estaba allí, en el autobús, despertándome
completamente y recordando que había soñado contigo.
El color naranja rojizo del sol, tiñó su calidez en todo lo que pudiera ser reflejante; autos, los parabrisas, las ventanas de los edificios,
alguna pelada de algún pelado, los cascos de los policías de transito...todo era un sueño, era la continuación de ese sueño que no
recuerdo, en el que estabas tú.
El autobús estaba lleno, muy lleno y a mi costado estaba un tipo que se quedó dormido, que se había apoyaba en mí, como si yo fuese su
almohada de un metro setenta, algo delgada pero confortante. Me quedé mirando de izquierda a derecha muy lentamente para no perderme
de nada, antes de que se oculte el sol. Me moría de las ganas de bajar del autobús para seguir admirando este momentáneo paraíso muy
lentamente a paso lento, pero aún estaba un poco lejos de mi parada y el autobús estaba muy lleno, me incomodaba pasar por todas esas
personas ajustándome, apretándome, para terminar afixiado y salir descuartizado del autobús.
Daban las seis y quince, y comenzaba a pensar sobre este artículo que escribiría luego, cuando llegue a casa. Me llené de impotencia por
un rato cuando quise grabar ese momento en algún lado, en una foto, pero no tenía nada para hacerlo, fue una lástima.
Me faltaban unas siete cuadras para llegar a mi Instituto, así que me bajé apurado, rompí la costumbre. Caminé lentamente con la mirada
hacia arriba, el sol ya venía ocultándose, ya se iba, talvez ya era hora de que descansara, se había esforzado mucho esa tarde, ardió
demasiado y en una parte del mundo donde todos los días el cielo es nublado. Oscurecía ya, las lámparas de las calles se encendían,
ahora ese color naranja rojizo, paso a ser un amarillo artificial que no me gusta para nada.
El sueño terminó, o el complemento de ese sueño contigo, pero al fin y al cabo creo que en verdad, existen cosas que uno no puede entender, como algo tan rápido, cálido y armonioso te recargue de energía, haciendo que lo más profundo de ti asimile algo que está muy lejos y que ese momento de tu vida se convierta en parte de un sueño o que lo que estabas soñando se convierta en parte de la realidad.

